Aunque nos hayamos acostumbrado a escuchar que la ansiedad y el miedo son emociones que hay que eliminar, lo cierto es que son dos tipos de respuestas que resultan de gran importancia para los organismos.

La primera porque nos prepara para afrontar una demanda exigente del contexto; la segunda, porque nos prepara para evitar un peligro real o potencial.

Sin embargo, cuando la intensidad, la duración o la frecuencia con la que aparecen son elevadas o causan un malestar importante en la persona, se deben buscar formas de regularlas que mejoren la calidad de vida de aquellas que las experimentan.

A veces estas emociones aparecen frente a situaciones muy concretas cómo viajar en avión u otros transportes, a hablar en público, a contraer una enfermedad, o a coger peso. Otras veces estas emociones desagradables se dan en situaciones más generales: al tener que hablar con otras personas, al enfrentar situaciones laborales complicadas, a la hora de ligar…

Planificando una correcta intervención psicológica podemos ayudarte a recuperar la tranquilidad y el control indispensables para tener una vida satisfactoria.